África tiene un clima predominantemente cálido, aunque las condiciones varían mucho entre regiones. Además de la latitud, influyen la altitud y la distancia al océano. En las zonas ecuatoriales, como la cuenca del Congo, el clima es caluroso y húmedo, con lluvias durante buena parte del año. La República Democrática del Congo y Gabón son ejemplos de países con estas características.
En las sabanas se alternan periodos lluviosos y secos. En Kenia y Tanzania las lluvias se distribuyen de forma distinta según la zona; en algunas partes de África oriental hay dos temporadas de lluvias al año. Las zonas elevadas son más frescas que las tierras bajas, por lo que estar cerca del ecuador no implica un calor intenso en todas partes.
El Sáhara ocupa gran parte del norte de África. Egipto, Argelia y Libia tienen extensas zonas desérticas con muy pocas lluvias, muchos días de sol y grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche. También hay regiones áridas en el sur, por ejemplo en Namibia y Botsuana.
En algunos tramos de la costa mediterránea y en el suroeste de Sudáfrica, alrededor de Ciudad del Cabo, el clima es mediterráneo, con veranos secos e inviernos más lluviosos. Para elegir cuándo viajar, conviene consultar las temporadas de lluvias y las temperaturas del destino concreto.






